Desde que empecé a ofrecer cursos en empresas de inteligencia emocional, han pasado ya seis años. Parece que el mundo estaba esperando a que me pusiera a emprender para declarar una pandemia mundial.
Las empresas, de repente, optaron por sobrevivir. Parecía que todo estaba en stand by, que nadie quería comenzar proyectos ni motivar a sus trabajadores durante uno o dos meses.
De repente, ante mi sorpresa, las compañías comenzaron a llamarme. Buscaban un objetivo claro: motivar a sus trabajadores. Esto, siempre digo, es algo que debe surgir todos los días como cometido y objetivo de los directivos, pero si nadie les ha enseñado a hacerlo, deben formarse. ¿Formarse para motivar? Exactamente.
Sí, es posible.
Los primeros trainings o formaciones se llevaron en un contexto de una delicadeza muy grande. Estaba ante personas con mucho miedo, temor al despido, al contagio, a la incertidumbre de la vida. Jamás se habían enfrentado a un mundo tan lleno de preguntas, de temores, de soluciones que descubrir. Es increíble cómo de la noche a la mañana uno se encuentra con un mundo irreconocible a sus ojos.

Pero estas personas tuvieron líderes que se preocuparon por su bienestar ya no solamente profesional sino personal y esto, hoy en día, en un mundo tan incierto, es esencial para el negocio. Ya no queremos líderes que solamente estén pensando en las cifras de negocio. Ya no funciona. Lo importante es que estén también sincronizados con nuestros deseos, aspiraciones y situaciones personales. ¿Quién no ha tenido un familiar enfermo, un bebé, una boda que celebrar? Esto son sucesos que nos sacan de nuestro territorio emocional más habitual y podemos convertirnos en personas más vulnerables en un entorno de trabajo. Si nuestros líderes no tienen esto en cuenta, podemos fracasar y entonces ellos fracasan. No dejemos que esto ocurra.
Parece que ya tenemos la lección aprendida. Pero en nuestro país seguimos a la cola de Europa en bienestar laboral.
¿Qué pasa en España?
La cultura corporativa y organizacional en España sigue anclada, en muchos casos, a modelos jerárquicos rígidos, heredados de una mentalidad más caciquil que inspiradora. Según el informe 2024 de Gallup sobre el estado del lugar de trabajo mundial, solo el 9% de los empleados en España se siente comprometido con su trabajo. Es decir, el 91% de la fuerza laboral española no se siente conectada ni emocionalmente involucrada con su empresa. Además, el 25% de los trabajadores reporta sentir tristeza diaria en su lugar de trabajo y un 36% sufre estrés a diario (Gallup, 2024).
Pero, Ana, ¿cuáles son las causas? Es una pregunta fundamental.
Una de las principales es la falta de liderazgo humano y cercano, sumado a una comunicación interna deficiente. Estos factores no solo afectan el bienestar emocional del equipo, sino que impactan directamente en los resultados y en la satisfacción del cliente.

¡El 27 de marzo de 2025 ofrezco un webinar en el que hablamos precisamente de esto: cómo transformar la cultura empresarial para dejar atrás estructuras rígidas y pasar a un modelo donde las personas, sus emociones y su desarrollo sean el centro. Esto no solo permite atraer y retener talento, sino también mejorar la experiencia del cliente y alcanzar objetivos comerciales sostenibles!
Se llama: AQUÍ NO SE VIENE A HACER AMIGOS.
Antes, quiero compartirte tres ideas clave que trataremos en profundidad:
1) El buen jefe, como el buen padre: ser guía, no tirano
Al igual que en la paternidad, ser un buen líder no significa imponer, sino inspirar. Un jefe emocionalmente inteligente entiende que su papel es crear un entorno donde sus empleados puedan crecer, sentirse seguros y sacar lo mejor de sí mismos. Esta es la base de una cultura organizacional saludable y de alto desempeño.
Cuando los líderes promueven valores compartidos, fomentan la integración del equipo y generan un verdadero sentido de pertenencia. Daniel Goleman ya nos enseñó que la inteligencia emocional es clave para conectar con los demás, y en la empresa no es diferente. Un liderazgo consciente mejora tanto la satisfacción del cliente como la identidad corporativa.
2) Los líderes no nacen: se forman
Una de las grandes falacias del mundo corporativo es pensar que el liderazgo es innato. Nada más lejos. La gestión emocional, la capacidad de comunicación interna efectiva, la empatía y la habilidad para motivar son competencias que se aprenden y se entrenan. Invertir en la formación emocional de los líderes permite que se conviertan en impulsores de buenas prácticas, capaces de integrar nuevas ideas y adaptarse a los cambios del mercado.
Un liderazgo bien formado no solo mejora el clima laboral, también potencia los resultados, conecta con los valores compartidos de la organización y ayuda a alcanzar los objetivos comerciales de forma sostenible.

3) Generaciones en choque: ¿qué mueve a cada una?
En las empresas actuales conviven Baby Boomers, Generación X, Millennials y Generación Z. Cada una tiene valores, expectativas y motivaciones distintas. El conflicto intergeneracional en muchos equipos es real y tangible, afectando tanto a la comunicación interna como a la cohesión de la cultura empresarial. ¿Qué necesita cada generación para sentirse valorada y comprometida? La respuesta no es universal, pero entenderla y saber adaptarse es una habilidad que cualquier líder puede aprender (y debe).
Al lograrlo, se favorece la integración del equipo, se atrae y retiene el talento, y se asegura una fuerza laboral alineada con la identidad corporativa y los valores compartidos.
Todo esto tiene que ver, al final, con necesidades humanas básicas. Si volvemos a la pirámide de Maslow, pertenecer a una empresa y sentirnos reconocidos es parte fundamental de nuestra necesidad social. Y el efecto Pigmalión también juega aquí su papel: las expectativas que un líder tiene sobre sus empleados acaban modelando su rendimiento y actitud.
No podemos seguir dirigiendo empresas como si estuviéramos en el siglo pasado. La cultura corporativa necesita evolucionar para poner a las personas en el centro, fomentar el alto desempeño, mejorar la experiencia del cliente y garantizar la sostenibilidad de los objetivos comerciales.
Si quieres saber cómo hacerlo, te invito a unirte a mi próximo webinar, donde profundizaremos en estos temas y en herramientas prácticas para transformar el liderazgo en tu organización.





